La falta de sueño, el cansancio, el estrés y los nervios pueden llegar a ser perjudiciales para la salud cuando se trata de casos prolongados. No pasa nada si un día dormimos mal o si cogemos nervios por algún motivo en concreto. El problema sucede cuando nos ocurre casi a diario.
Pero no siempre nos damos cuenta de nuestro problema y, básicamente, es por dos motivos: porque nos acostumbramos a la vida que llevamos y no prestamos atención a lo que sentimos, y porque le quitamos importancia, ya que creemos que no podemos hacer nada para cambiar lo que está pasando.
Cuando el estrés forma parte de nuestra vida diaria, nos acostumbramos a él. No nos damos cuenta de cómo influye en nuestra salud y en nuestra vida en general, hasta que nos enfermamos o los problemas nos rebasan.
El estrés se demuestra en cada persona de una forma diferente, aunque, físicamente, los síntomas se pueden resumir en varios puntos: opresión en el pecho, hormigueo o mariposas en el estómago, sudor en las palmas de las manos, palpitaciones, dificultad para tragar o para respirar, sequedad en la boca, temblor corporal, tensión muscular, falta o aumento de apetito, diarrea o estreñimiento, y fatiga.

Foto Jordan Pérez
A nivel emocional o psicológico podemos afirmar que algunos de los síntomas son inquietud, nerviosismo, ansiedad, temor o angustia, deseo de llorar y/o un nudo en la garganta, irritabilidad, enojo o furia constante o descontrolada, deseo de gritar, golpear o insultar, miedo o pánico, que si llega a ser muy intenso puede llevar a sentirnos “paralizados”, preocupación excesiva, que se puede manifestar como la sensación de no poder controlar nuestro pensamiento, sensación de que la situación nos supera, dificultad para tomar decisiones y para concentrarse, disminución de la memoria, lentitud de pensamiento, cambios de humor constantes y depresión, entre otras.
En cuanto a la conducta de una persona con estrés, podemos asegurar que cuando estamos ansiosos o tensos nuestra conducta se altera, a veces sin que nos demos cuenta de ello. Algunos de los síntomas de esta conducta son moverse constantemente, risa nerviosa, rechinar los dientes, tics nerviosos, problemas sexuales, beber o fumar con mayor frecuencia, y dormir en exceso o sufrir de insomnio, entre otros.
La primera reacción en una persona con estrés cuando descubre su enfermedad es que se siente mal y hay una tendencia a negarlo o a pensar que cualquiera estaría igual.
Pero sólo si reconocemos el problema y vemos cómo nos está afectando, podemos solucionarlo. Acudir al médico es la mejor opción, pero también existen remedios que se pueden encontrar en farmacias, aunque lo más adecuado es tener una actitud positiva frente al problema, aprender a querernos un poco más y a respetarnos como personas. Además, también debemos entender que no somos máquinas, que tenemos límites y que debemos cuidarnos día a día para poder disfrutar de una verdadera calidad de vida.