Es evidente que en estos tiempos en que vivimos regidos por la modernidad, siempre le toca a alguien ceder el paso. Ahora parece que les toca a las abejas y a otros insectos padecer ante el uso de ciertos pesticidas e insecticidas que, sin estar pensados para combatir una plaga concreta, afectan indiscriminadamente a la mayoría de ellos.
Los pesticidas de última generación, cuyo uso está extendido en todo el mundo, (sólo en EE.UU hay más de 60 millones de hectáreas tratadas), tienen unos efectos desastrosos sobre las abejas y otros insectos chupadores, además de un efecto residual largo. Se ha demostrado que las abejas no mueren, sencillamente pierden la memoria y no son capaces de volver a su colmena; su comportamiento queda afectado y su cerebro dañado. Disminuye hasta en un 85% la producción de abejas reina, lo que comporta un 85% de colmenas menos en el año siguiente.
Centrándonos en las abejas, vamos a repasar lo importantes que son y lo mucho que aportan a la salud. El proceso de polinización de las plantas seguido por las abejas, es básico para todo el ciclo de fecundación y creación de las abejas reina. Las glándulas de las abejas obreras segregan un fluido viscoso y blanquecino de sabor áspero que todos conocemos como jalea real, y que depositan en el fondo de las celdillas para reserva de alimentación de las abejas reina y de las larvas en los primeros días de su vida. No hace falta recordar el alto valor nutritivo de la jalea real y su contenido en glúcidos, proteínas y numerosas vitaminas. Su uso, presentado en diversas formas, ha sido preconizado en terapéutica para tratar el crecimiento, la astenia y trastornos propios de la senectud.
En la provincia China de Sichuan, que ya ha reaccionado ante la falta de estos insectos han llegado a polimerizar en la primavera, cada flor de un frutal, a mano con un pequeño pincel, como haría un ejército de abejas. Quizá este ejemplo sea extremista, pero no hay duda que la falta de insectos supondrá uno de los mayores retos del campo de la conservación de la biodiversidad y el problema agrícola más grave de los últimos tiempos. Las Agencias Reguladoras deberían poner en práctica controles específicos para que los análisis de estos pesticidas sirvan para tomar medidas efectivas a todos los niveles, ya que su eliminación parece imposible.
Vamos a recordar eso que se viene llamando “el lenguaje o el baile de las abejas”. Las abejas en su ir y venir constante son capaces de comunicar a sus congéneres el hallazgo de una fuente de alimentos. Realizan al menos dos tipos de danzas en la parte inferior del panal. Si el alimento está a pocos metros de la colmena, efectúan una danza circular que indica búsqueda en las proximidades, guiándose del olor que la abeja bailarina lleva consigo. Si la fuente de alimentos es más lejana la danza es diferente e incluye un mayor contenido informativo combinado con sonidos emitidos por alas y abdomen. Este comportamiento, es variable dependiendo de la raza y tipo de cada abeja. Así pues, las abejas afectadas van a perder el sentido de la orientación y no recordarán ni donde estaba el alimento, ni que baile realizar.
Especialistas de la FAO, estiman que de los cien cultivos que aportan el 90% de los alimentos a escala mundial, 70 son polinizados por abejas, y declara que el uso de estos pesticidas neonicotinoides, es una clara amenaza para la salud y su uso debe ser revaluado urgentemente.
Naturalmente, las productoras de estos pesticidas, mantienen que sus productos no son la causa de este desastre entre las abejas. Ya veremos, aunque esperemos que no sea demasiado tarde.

Fuentes: Medusa, Karl von Frisch y Orbit / Foto: Toroide (Flickr)